
En su columna de este domingo en La Razón, Luis Felipe Colina asegura que el gobierno se haría del 51% de las acciones de Globovisión y que nombraria a la junta directiva de la empresa a Mario Silva y a Jorge Amorín.
Dice Colina: “Todo está listo en el alto gobierno para proceder al control accionario de la televisora Globovisión, proecedimiento que se iniciará con la toma de posesión del lote de acciones propiedad del Banco Federal y Nelson Mezerhane, que esta semana pasarán formalmente a manos de Fogade. Simultáneamente se procederá a negociar con la Sucesión Núñez y con el presidente de la empresa, Guillermo Zuloaga, actualmente en el exilio, la adquisición de las acciones necesarias para que el porcentaje estatal supere el 51% del capital social y le permita al Estado influir de manera decisiva en la línea editorial y designar incluso al presidente de la planta. En principio, la representación de Fogade en la junta directiva será ejercida por el locutor Mario Silva, por el estudiante de comunicación social Jorge Amorín (Universidad Santa Rosa) y por un abogado del Fondo de Garantías Bancarias, cuyo nombre aun se desconoce.”
En otra de sus notas, Colina asegura que “no solamente el cineasta Oliver Stone, sino la ministra de Información y Comunicación, Tania Díaz, se llevaron sus regaños y “mentadas de madre” por haber gestionado la entrevista que le dio Chávez al periodista inglés de la BBC Mundo, Stephen Sackur. Chávez, en efecto, sospechando una celada, había preguntado una y otra vez de quién se trataba y Díaz le respondió que era un periodista de izquierda recomendado por Oliver Stone y del cual no habia nada que temer. Sackur, por el contrario, una vez estaba frente a Chávez, le preguntó y repreguntó sobre el giro autoritario y dictatorial que toma su gobierno, y un Chávez sin argumentos. sólo le faltó la orden de sacarlo a patadas de Miraflores. Pero eso no fue lo peor, sino que, siendo la típica situación del “cazador cazado”, del “farsante desenmascarado”, la entrevista recorrió el mundo, fue lo único que se supo de Chávez durante 48 horas y contribuyó, como ningún otro material reciente, a demostrarle al mundo que en Venezuela impera, simple y llanamente, una dictadura “socarrona y cobardona”.
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