7 de julio de 2007

Denuncian mano negra de Chávez en protestas de Perú

Instigadores y topos
(Editorial del Diario Expreso de Perú)

El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define al verbo instigar como incitar, provocar o inducir a alguien a que haga algo. Y por lógica consecuencia el adjetivo instigador se refiere a la persona que instiga o incita a algo. Ante la ola de movilizaciones violentas –que incluso en Juliaca (Puno) derivó en el incendio de una camioneta de la PNP–, cabe preguntarnos: ¿quiénes son los instigadores del clima de ebullición regional y gremial que vive el país?
Las protestas y huelgas se han multiplicado más allá de las circunstancias normales. Hoy los grupos contestatarios, ideológicamente afines a la izquierda cubana y “bolivariana”, se sienten respaldados y apoyados –sobre todo con dinero– por facciones castristas y filochavistas. Conocidos militantes de la otrora Izquierda Unida hoy se encuentran cómodamente instalados –con escritorio incluido– en algunas oficinas pro venezolanas, compartiendo con agitadores humalistas.
¿En el Perú quién o qué movimiento político es similar, en ideología y métodos de lucha, a la prédica socialista chavista? Evidentemente no es otro que el del comandante (r) Ollanta Humala Tasso, es decir, su movimiento “nacionalista”. Hasta ahora este dirigente político y ex candidato presidencial no ha hecho un deslinde frente a la ola de violencia y al patrocinio que recibe de –y a la admiración que profesa por– Hugo Chávez. Es más, en múltiples oportunidades las ha justificado y alentado.
Sabe perfectamente el humalismo que la mejor manera de ganar posiciones es pescando a río revuelto. Por eso su táctica consiste en intensificar la cantidad de protestas para generar el caldo de cultivo que permita más adelante –a un personaje políticamente mediocre como Ollanta Humala– volver a tentar la presidencia de la República, si sus deseos golpistas de tumbar a este gobierno no se cumplen antes. En la actual coyuntura, todo demócrata tiene el derecho –por ejemplo– de exigir al ollantismo que deslinde de forma tajante con paralizaciones o huelgas violentas como las del SUTEP.
Reconstruir esta democracia y sostener su economía nos ha costado –y seguirá haciéndolo– esfuerzo y sacrificio. Por ello no debemos dejar que estos logros empiecen a estancarse o a retroceder. Creemos que una exigencia legítima es que el nacionalismo humalista deje de jugar con el fuego que atiza Hugo Chávez. En todo caso estaría de más el ostentoso título de partido “nacionalista” con que se le conoce al movimiento ultra que simpatiza con Chávez y acata dictados de un país foráneo como Venezuela.
Estamos a tiempo de detener a los instigadores y aliados del clima de violencia, mucho más cuando hay evidencias preocupantes como recientes viajes de congresistas del Partido Nacionalista a la Venezuela “bolivariana”. La democracia peruana tiene que ser lo suficientemente firme para identificar a los que vienen incitando a las protestas o a topos de nuevo cuño que quieren sembrar el caos.

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