3 de julio de 2007

Periodista despedido por no ser rojo, rojito


Este es el testimonio de la agresión laboral vivida por el periodista Ramón Antonio Pérez, en la C. A. Metro de Caracas, en Venezuela, despedido luego de 12 años de servicio porque se negó a participar en la defensa a ultranza del regimen chavista. “No creo en la univocidad del pensamiento que nos quieren imponer”, sostiene.

El pasado 27 de junio, Día del Periodista, denuncié en algunos medios de comunicación de Venezuela mi caso de despido de la C.A. Metro de Caracas, hecho ocurrido el 22 de noviembre de 2006. Muchos colegas y ciudadanos se interesaron por la forma en que estuve ataviado, ya que protesté con la franela roja que me habían dado en la Empresa para acudir a las concentraciones y marchas oficialistas convocadas por el gobierno de Hugo Chávez, pero que nunca usé porque no creo en la univocidad del pensamiento que nos quieren imponer.
En la indumentaria denunciaba que fui despedido de después de doce años de servicio "por no ser rojo, rojito", es decir por no ser afecto al presidente Chávez; igualmente indiqué mi número de colegiado en el CNP: 14.781. Los asistentes a la marcha se interesaron en mi caso y se solidarizaron conmigo, todavía en Periodista Digital de España, así como en algunos blogs de periodistas amigos se puede leer mi caso.
Algunos ciudadanos me abordaron y dijeron que cuando me escucharon hablar en directo por Radio Caracas Radio o me vieron por GLOBOVISIÓN, sintieron el deseo de asistir a la marcha como el resto de quienes allí estuvimos para luchar por la libertad de expresión, por la defensa de la democracia, para enfrentar la intolerancia del Gobierno y contra el cierre de RCTV, entre otras objeciones hacia el gobierno del tirano de Miraflores.
Comprendo que ganarle un caso de despido laboral al Gobierno Chavista, cuando el caso está matizado de contenido político, es harto difícil; y más, cuando las instituciones están prácticamente secuestradas por sus seguidores. Pero eso no me trasnocha, porque la denuncia pública ya está hecha y la deseo mantener, así como lo hice por ante la instancia laboral correspondiente, adonde acudí para realizar los señalamientos debidos.
A pesar de que el Gobierno no me restituya en mi puesto de trabajo, su expediente por agresiones contra la humanidad se seguirá engordando, y es mi deseo que se siga conociendo nacional e internacionalmente. Ahí están también los casos y testimonios que relatan otros compañeros de CAMETRO despedidos después del paro de 2002; también los trabajadores de PDVSA y demás funcionarios públicos que han sido despedidos injustamente de sus puestos de trabajo, por disentir de las políticas de Chávez.
También, ése Día del Periodista, era mi intención denunciar que a la profesión se le está haciendo un terrible daño en el país; con alcance no sólo a los periodistas que laboran en los medios de comunicación privados sino también en las distintas instancias informativas del Estado, donde a éstos se les obliga a cumplir determinados formatos y estrategias comunicacionales para que el Gobierno siempre aparezca como el mejor que ha tenido Venezuela, cuando todos conocemos que es totalmente falso. El daño a la libertad de expresión además de ser explícita con el cierre de RCTV, también existe en las humillaciones que les imponen a quienes laboran en las dependencias estatales.

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