
Julio Pérez Sosa
(V&L)
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No cabe duda que José Vicente Rangel es un maestro de la desinformación. Si el tristemente célebre Joseph Goebbels, ministro de propaganda de la Alemania Nazi viviera, Rangel fuese uno de sus alumnus más aventajados. Como se sabe, Goebbels puso la propaganda política a base de mentiras en un sitial que no tiene parangón en la historia universal. Aunque Rangel está llegando a extremos de excelencia en estas artes oscuras.
Tras infructuosos intentos de triunfar en la política, Rangel descubrió pronto que como periodista no sólo podría tener acceso a las cuotas de poder que tanto buscó como candidato eterno del MAS, sino dinero, mucho dinero.
Antes de que se anotara como asesor mediático del candidato Hugo Chávez en 1998, ya Rangel era un hombre multimillonario que había construido un imperio utilizando su famosa columna de El Universal (Los hechos y los días), del que supo sacar provecho como nadie antes en el negocio del palangre en Venezuela.
Durante esa etapa, inundó empresas con las inexpresivas estatuillas que fabricaba su mujer chilena Ana Avalos, su método preferido de hacer que sus denunciados pagaran con cuantiosas sumas un lavado cosmético de su imagen a través de la columna dominical de Rangel.
Mientras puntillosamente descubría supuestos escándalos en las Fuerzas Armadas Nacionales, su hijo el actual alcalde de Sucre hacía millones vendiéndoles uniformes y pertrechos a la FAN, muchos de ellos negociados desde la propia Cuba.
Cultivó relaciones con los partidos del establishment bajo cuerda, incluyendo pactos secretos con personajes como Rafael Caldera, Luis Alfaro Ucero y Jaime Lusinchi.
En fin, utilizó su red de contactos para su enorme beneficio personal.
Otra cosa no podia seguir hacienda una vez se estableció como la eminencia gris de los primeros siete años de Chávez, en la Cancillería, el Ministerio de la Defensa y en la Vicepresidencia.
Su fortuna no tiene calculo, pero hay quienes la estiman en más de $800 millones, sin contar con la enorme fortuna que su propio hijo ha amasado.
Una vez fuera de la Vicepresidencia, no podia sino volver a su antiguo oficio de componedor de muertos.
Con su nuevo programa de Televen, Rangel ha vuelto a las andanzas. Ahora su principal cliente es el gobierno revolucionario. Su especialidad: esparcir medias verdades escondidas en medias mentiras para crear un estado de desinformación general.
En pocas palabras, mentir de forma encubierta, utilizando los medios, para lograr la maxima ganancia que prometía el nazi Goebbels de que una mentira repetida mil veces, termina convirtiéndose en verdad.
Pero a Rangel se le nota la costura de su cinismo.
El pasado domingo fue buena prueba de ello.
En su programa televisivo trató de desviar la atención del caso Antonini. Dijo que el maletinazo era obra de corruptos que estaban hacienda negocios en Argentina.
Citó a un pequeño banco de Mendoza, el Banco del Sol, como destinatario de los $800,000 de la maleta de Antonini.
No habló de donde salieron los dólares, de la vinculación de Pdvsa en todo el asunto, ni del silencio de Chávez sobre el tema.
Veinticuatro horas después, vino el natural desmentido. En tiempos de globalización de la información, es mucho más difícil ahora sostener una mentira.
El citado Banco del Sol de Mendoza, Argentina, atribuyó a una confusion la información difundida por Rangel. Una forma elegante de desmentido.
No nos dedicamos a transacciones internacionales, sino que hacemos prestamos locales en pesos argentinos y a grupos comunales, fue la respuesta del banco.
Esperemos a ver que va a decir Rangel el domingo.
Afortunadamente, mantener un cadaver fresco y oloroso es una labor cuesta arriba a medida que pasa el tiempo. Aunque el caradurismo de Rangel parece no tener límites, los efectos del formol no podrían estarlo ayudando demasiado. Hasta que estalle la putrefacción.
Tras infructuosos intentos de triunfar en la política, Rangel descubrió pronto que como periodista no sólo podría tener acceso a las cuotas de poder que tanto buscó como candidato eterno del MAS, sino dinero, mucho dinero.
Antes de que se anotara como asesor mediático del candidato Hugo Chávez en 1998, ya Rangel era un hombre multimillonario que había construido un imperio utilizando su famosa columna de El Universal (Los hechos y los días), del que supo sacar provecho como nadie antes en el negocio del palangre en Venezuela.
Durante esa etapa, inundó empresas con las inexpresivas estatuillas que fabricaba su mujer chilena Ana Avalos, su método preferido de hacer que sus denunciados pagaran con cuantiosas sumas un lavado cosmético de su imagen a través de la columna dominical de Rangel.
Mientras puntillosamente descubría supuestos escándalos en las Fuerzas Armadas Nacionales, su hijo el actual alcalde de Sucre hacía millones vendiéndoles uniformes y pertrechos a la FAN, muchos de ellos negociados desde la propia Cuba.
Cultivó relaciones con los partidos del establishment bajo cuerda, incluyendo pactos secretos con personajes como Rafael Caldera, Luis Alfaro Ucero y Jaime Lusinchi.
En fin, utilizó su red de contactos para su enorme beneficio personal.
Otra cosa no podia seguir hacienda una vez se estableció como la eminencia gris de los primeros siete años de Chávez, en la Cancillería, el Ministerio de la Defensa y en la Vicepresidencia.
Su fortuna no tiene calculo, pero hay quienes la estiman en más de $800 millones, sin contar con la enorme fortuna que su propio hijo ha amasado.
Una vez fuera de la Vicepresidencia, no podia sino volver a su antiguo oficio de componedor de muertos.
Con su nuevo programa de Televen, Rangel ha vuelto a las andanzas. Ahora su principal cliente es el gobierno revolucionario. Su especialidad: esparcir medias verdades escondidas en medias mentiras para crear un estado de desinformación general.
En pocas palabras, mentir de forma encubierta, utilizando los medios, para lograr la maxima ganancia que prometía el nazi Goebbels de que una mentira repetida mil veces, termina convirtiéndose en verdad.
Pero a Rangel se le nota la costura de su cinismo.
El pasado domingo fue buena prueba de ello.
En su programa televisivo trató de desviar la atención del caso Antonini. Dijo que el maletinazo era obra de corruptos que estaban hacienda negocios en Argentina.
Citó a un pequeño banco de Mendoza, el Banco del Sol, como destinatario de los $800,000 de la maleta de Antonini.
No habló de donde salieron los dólares, de la vinculación de Pdvsa en todo el asunto, ni del silencio de Chávez sobre el tema.
Veinticuatro horas después, vino el natural desmentido. En tiempos de globalización de la información, es mucho más difícil ahora sostener una mentira.
El citado Banco del Sol de Mendoza, Argentina, atribuyó a una confusion la información difundida por Rangel. Una forma elegante de desmentido.
No nos dedicamos a transacciones internacionales, sino que hacemos prestamos locales en pesos argentinos y a grupos comunales, fue la respuesta del banco.
Esperemos a ver que va a decir Rangel el domingo.
Afortunadamente, mantener un cadaver fresco y oloroso es una labor cuesta arriba a medida que pasa el tiempo. Aunque el caradurismo de Rangel parece no tener límites, los efectos del formol no podrían estarlo ayudando demasiado. Hasta que estalle la putrefacción.
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